La gente a menudo me pregunta cómo fue mudarse a Brasil.
La mayoría espera que hable sobre aprender portugués.
O adaptarse a una nueva cultura.
O descifrar los trámites de visados, banca y burocracia.
Esas cosas sin duda importaban.
Pero esas no fueron las lecciones más importantes.
Mudarse a Brasil me enseñó algo mucho más profundo.
Me enseñó lo poca certeza que realmente necesitamos antes de dar el siguiente paso.
Cuando llegué, casi todo me resultaba desconocido.
No conocía el idioma.
No conocía los sistemas.
No tenía una red de contactos establecida.
Cualquier tarea sencilla parecía complicada.
Abrir una cuenta bancaria.
Conseguir un teléfono móvil.
Comprender los contratos.
Encontrar profesionales de confianza.
Construyendo un negocio.
Hubo momentos en que cada día parecía un nuevo rompecabezas.
Sin embargo, sucedió algo sorprendente.
Cada pequeño desafío hacía que el siguiente pareciera menos intimidante.
La confianza no apareció antes de que empezara.
Apareció porque yo empecé.
Durante mi conversación con Sarah Riley, me preguntó de dónde saqué la confianza para mudarme con mi familia a otro país y crear un negocio de hostelería desde cero.
La verdad es que no me desperté una mañana sintiéndome sin miedo.
La necesidad se convirtió en mi mejor maestra.
Mis hijos necesitaban estabilidad.
Mi familia necesitaba ingresos.
Esperar hasta sentirme completamente preparada simplemente no era una opción.
Así que seguí dando el siguiente paso.
La ingeniería ya me había enseñado otra lección que resultó invaluable.
El principio 80/20.
En ingeniería, esperar a tener una certeza del 100% a menudo significa que no se construye nada.
Normalmente, alcanzar el 80 por ciento es suficiente para avanzar, aprender, adaptarse y mejorar.
Esa mentalidad se volvió esencial en Brasil.
Si hubiera esperado a entenderlo todo, Casa JOMO nunca habría abierto.
En cambio, aprendí sobre la marcha.
Cada conversación me enseñó algo.
Cada huésped me enseñó algo.
Cada error se convirtió en parte del aprendizaje.
Mirando hacia atrás, Brasil me dio mucho más que un negocio de hostelería.
Me recordó que la adaptabilidad es una habilidad.
La curiosidad es una ventaja.
Y la resiliencia no es algo con lo que nacemos.
Es algo que construimos a través de la experiencia.
Hoy en día, a menudo hablo con personas que sueñan con mudarse al extranjero.
Muchos han dedicado años a investigar países, visados y barrios.
La investigación es valiosa.
Pero llega un punto en el que más información no genera más confianza.
La acción actúa.
Mudarse a otro país siempre implicará incertidumbre.
Siempre habrá cosas que no podrías haber predicho.
El objetivo no es eliminar la incertidumbre.
Se trata de convertirse en el tipo de persona que sabe que puede desenvolverse en ese entorno.
Brasil me enseñó eso.
Y por esa lección, siempre estaré agradecido.